Acerca de la 'Marcha por la vida y la familia' - Humanistas Guatemala
Somos un grupo de personas no-creyentes que defiende la libertad de pensamiento, consciencia, expresión y religión, para la construcción de una sociedad libre e incluyente, en donde nadie sea perseguido por su raza, sexo, orientación sexual, identidad de género, creencias religiosas o su falta de ellas.
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Acerca de la ‘Marcha por la vida y la familia’

Hoy, domingo 11 de mayo, se llevó a cabo una “marcha por la vida y por la familia,” bajo la consigna “La familia al centro.” Está, en buena parte, organizada por agrupaciones cristianas y neo-conservadoras—tanto católicas como evangélicas—que promueven ideas un tanto extrañas y anacrónicas acerca de la vida en familia y en sociedad. Afirman, por ejemplo, que hay una única forma correcta de conformar una familia, una única y dogmática respuesta a las preguntas sobre el aborto, y que aceptar estas cosas será la solución a los problemas que afectan a la sociedad guatemalteca.

Mientras más conocemos acerca de ésta marcha a través de los medios de comunicación y de parte de sus mismos organizadores, más evidente se nos hace que va completamente en contra de los ideales Humanistas que intentamos promover. Es por eso que al mismo tiempo que respetamos el derecho de cada uno a manifestarse y a expresar sus ideas, creemos que vale la pena analizar los argumentos y los mensajes que estas agrupaciones pretenden enviar a la sociedad guatemalteca y a sus autoridades.

Una marcha por la vida y por la familia es algo que en principio suena muy bonito. ¿Quién, en su sano juicio, no apoya el derecho a la vida o la vida en familia? El primer problema, sin embargo, surge cuando uno pregunta cuáles son las vidas y las familias que se defienden.

En esto son muy claros: la vida, que para ellos comienza desde la concepción, es el derecho fundamental de toda persona e inicia en las familias—exclusivamente aquellas que son fundadas en un compromiso adquirido por un hombre y una mujer para procrear y cuidar hijos. El gobierno, además, debe de contribuir al bienestar de la sociedad apoyando políticas que las fortalezcan.

Cuesta comprender por qué es necesaria una marcha para defender esto, cuando la Constitución de la República de Guatemala está claramente sesgada a favor de estas estrechas definiciones que no toman en cuenta a las miles de familias que no encajan dentro de éste modelo y que dogmáticamente defienden el derecho a la vida desde la concepción, sin tomar en cuenta la alta complejidad que rodea el tema del aborto y los derechos de otras personas que muchas veces son puestas en esa situación en contra de su voluntad.

Como Humanistas también estamos a favor de la vida y de políticas que fortalezcan a las familias guatemaltecas, pero de todas las vidas y de todas las familias. Nos es imposible apoyar iniciativas que se disfrazan con palabras bonitas y mensajes positivos, pero que en realidad promueven una visión miope y simplista de la problemática del aborto y que pretenden discriminar a un grupo de guatemaltecos basándose en creencias religiosas que no todos tenemos que compartir y que contradicen a las evidencias científicas relevantes.

Las agrupaciones que organizan ésta marcha—y que seguramente continuarán enviando el mismo mensaje a través de otros medios—aseguran que es a través de la difusión y aceptación de estas ideas que Guatemala saldrá de la grave situación en la que se encuentra. “Para salir de la violencia, la injusticia y la impotencia…no hace falta mucha ciencia,” dice su video promocional. ¿Cuándo fue la última vez que los problemas de un país se resolvieron aislando o discriminando a quienes piensan diferente o limitando los derechos de sus habitantes? ¿Cuándo fue la última vez que mezclar política con religión obtuvo un resultado positivo para el bien común?

La evidencia científica apunta en otra dirección, pues basta con darle un vistazo a las tablas del Índice de Desarrollo Humano para darse cuenta de que son los países con más apertura al cambio, más respeto a los derechos de todos sus habitantes y menos moralismo religioso en sus leyes, los que más prosperan y mejores condiciones de vida pueden brindar a sus habitantes. Noruega, Suecia, Islandia, Dinamarca, Francia, Holanda, Nueva Zelanda y Canadá, son países que no discriminan a las personas en base a sus preferencias sexuales, que respetan la libertad de religión pero no permiten que las creencias religiosas dicten las políticas de Estado y tienen los porcentajes más elevados de personas no creyentes. Al mismo tiempo, constantemente califican en las mediciones como los países con más altos estándares de vida y prosperidad.

En la Asociación Guatemalteca de Humanistas Seculares (AGHS), luchamos por la creación de una sociedad progresista e incluyente en donde vivir sin la guía de un dios o de creencias religiosas sea una forma de vida aceptada y respetada. Defendemos la libertad de expresión y de conciencia, el libre pensamiento y la libre investigación, la separación entre Iglesia y Estado, así como el derecho de cada persona a buscar y mantener su propio estilo de vida mientras éste no afecte los derechos de los demás.

No pretendemos tener la respuesta a los grandes problemas que afectan a la sociedad guatemalteca, pero sí tenemos propuestas que van encaminadas hacia la construcción de una mejor nación. Una de ellas, en el contexto de ésta marcha, es que quizás un buen comienzo sería dejar a las personas vivir su vida en paz, sin estar constantemente intentando estorbar los derechos de las minorías o de las personas que piensan diferente a la mayoría, sin pretender que todos vivan de acuerdo a creencias religiosas o valores morales que no comparten.

¿Cómo se puede esperar igualdad ante la ley en un país si el grupo mayoritario se considera superior moralmente y por lo tanto trata de imponer a las minorías su particular punto de vista?

¿Cómo se puede esperar que una sociedad progrese si constantemente se le repite a ciertos grupos de personas que no sirven, que son “inmorales,” que tienen la culpa de los problemas, únicamente porque les gusta alguien de su mismo sexo, tienen creencias diferentes o crían hijos por su cuenta en una familia diferente a la tradicional y luchando solos contra las adversidades?

Esto es, en nuestra opinión, lo que iniciativas como la marcha de hoy pretenden perpetuar. Si Guatemala va a cambiar, es alejándose de la intolerancia, la discriminación, la ignorancia y del miedo a la diferencia; no marchando hacia ellas.

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