“La pregunta no es: ¿pueden razonar?, ni tampoco: ¿pueden hablar?, sino: ¿pueden sufrir?” —Jeremy Bentham

A lo largo de nuestra historia, los humanos hemos creído que somos seres especiales. En algunas tradiciones religiosas como la judeocristiana, se enseña que los animales fueron puestos en el mundo para estar al servicio de la humanidad. En Génesis 9, por ejemplo, encontramos esto:

“Dios bendijo a Noé y a sus hijos, con estas palabras: «Tengan muchos hijos y llenen la tierra.2 Todos los animales del mundo temblarán de miedo delante de ustedes. Todos los animales en el aire, en la tierra y en el mar, están bajo su poder. 3 Pueden comer todos los animales y verduras que quieran. Yo se los doy. 4 Pero hay una cosa que no deben comer: carne con sangre, porque en la sangre está la vida.”

En tiempos más modernos, encontramos esto en el Catecismo de la Iglesia Católica:

Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos. 2418

Como Humanistas no tenemos creencias religiosas sobre nuestros orígenes. Comprendemos que no somos producto de una creación divina, sino de un largo proceso de cambio evolutivo natural. No entendemos a la humanidad como el pináculo de éste proceso, sino simplemente como una rama más del ‘árbol de la vida.’

Por ese motivo, la Asociación Guatemalteca de Humanistas Seculares realiza actividades de conscientización, y campañas de protección y promoción de los derechos de los animales que buscan minimizar su sufrimiento innecesario y evitar el maltrato.