Las feministas me arruinaron la vida - Humanistas Guatemala
Somos un grupo de personas no-creyentes que defiende la libertad de pensamiento, consciencia, expresión y religión, para la construcción de una sociedad libre e incluyente, en donde nadie sea perseguido por su raza, sexo, orientación sexual, identidad de género, creencias religiosas o su falta de ellas.
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Las feministas me arruinaron la vida

Sí, y lo digo a manera de cumplido. Cuando digo que me arruinaron la vida, en realidad quiero decir que me ayudaron a reconocer mis propios sesgos, a tener claros mis propios privilegios y a no sonar como un estúpido biempensante e ignorante de esos que no creen en el feminismo, sino que creen en la igualdad; que no están en contra del acoso a la mujer, están en contra del acoso a cualquier persona; que no ven particular problema en la violencia contra la mujer, ven problema con la violencia en general. Me hicieron explorar lecturas y expresiones artísticas diferentes, me hicieron aprender, me hicieron cuestionar, me hicieron enfrentarme a mis prejuicios y adquirir una opinión informada, me hicieron salirme de mi zona de comodidad. Me sacaron la cabeza del culo, pues. Por lo menos en teoría. Porque por muy “feminista” que uno sea, por mucha conciencia que uno tenga sobre lo jodidamente desbalanceada que está la cosa, por mucho que uno crea que era macho o que iba a ser macho pero ya no, los privilegios siguen estando allí y los seguimos disfrutando. El reto, pues, es observar, identificar, señalar, cuestionar, denunciar y buscar mecanismos para debilitarlos y finalmente colgarlos en el museo de la vergüenza humana.

Aunque no nos guste admitirlo, el machismo lo aprendemos hombres y mujeres desde que nacemos. Es parte de la cultura y lo absorbemos al mismo tiempo que aprendemos todo lo demás. Estamos tan acostumbrados a vivir así, que nos cuesta mucho trabajo detectarlo, a pesar de que nos afecta a todos —aunque no en la misma medida— y es la base de muchas de nuestras instituciones, convenciones e interacciones sociales. Por eso librarse de él no es tan fácil, es un proceso largo e incómodo de aprendizaje, empatía, autocrítica y también de desaprendizaje que posiblemente nos dure toda una vida.

Por eso es muy importante entender qué es feminismo antes de ponerse a opinar sobre feminismo, de despotricar en su contra, de pretender saber qué es exactamente lo que está mal y cómo debe corregirse. Y no es que no haya nada criticable en el feminismo—o más bien en los feminismos—sino que para hacerlo de forma inteligente y productiva primero es necesario entender sus argumentos, su historia y su evolución. Sus términos, sus luchas y sus ramificaciones. Sus logros, sus rumbos y sus discusiones internas.

No se puede discutir si la campaña de MD es o no es machista, sexista o misógina si antes no se comprenden todos esos términos más allá del mal llamado “sentido común,” de definiciones de diccionario o de Wikipedia. No se puede criticar al feminismo por crear cosas como la ley contra el feminicidio —y por ende preocuparse por las muertes, el acoso y la violencia cuando las víctimas son mujeres pero no cuando son hombres— si antes no se comprenden los argumentos que explican las enormes diferencias entre las causas de estos males para uno y otro sexo. No se puede decir que una mujer que se enorgullece de su independencia y que lucha por la igualdad de género es hipócrita por pedir ayuda para cambiar una llanta, colocar un garrafón de agua o usar una computadora, si antes no se entiende exactamente en qué consisten la independencia y la igualdad de género, si no se discuten los estereotipos, prejuicios y roles de género que nos llevan a siquiera pensar en eso como una posibilidad. O bueno, se puede, pero a riesgo de aumentar los niveles mundiales de estulticia.

Una vez hecho ese trabajo, va quedando claro que la campaña de MD hace uso de tropos sexistas, promueve estereotipos machistas y coquetea con la misoginia de maneras que nos afectan a todos, pero que quienes se llevan la peor parte son las mujeres. Se hace evidente que aunque el acoso y la violencia afectan a ambos sexos y a todos los géneros, la naturaleza del acoso y la violencia en contra de mujeres es muy diferente. A los hombres heterosexuales no nos matan por ser hombres heterosexuales; a las mujeres sí las matan por el simple hecho de ser mujeres, por comportarse de maneras que se salen de los cánones de lo que tiene que ser una mujer, por putas, porque son propiedad de los hombres. A los hombres heterosexuales no nos violan por el hecho de ser hombres heterosexuales; a las mujeres sí las violan por el simple hecho de que son mujeres, porque son objetos sexuales, porque están para complacer a los hombres. También queda al descubierto la estupidez que resulta de equiparar igualdad de derechos, oportunidades y libertades, con levantar cosas pesadas, hacer trabajos incómodos o pedir cosas prestadas.

Es por eso que cuando dices cosas como “MD sólo está diciendo verdades porque las mujeres manipuladoras existen” no estás siendo ‘políticamente incorrecto,’ estás siendo simplón e irreflexivo; no estás yendo en contra del establishment, estás siendo el establishment; no estás señalando ‘verdades incómodas,’ estás reafirmando y perpetuando estereotiposno estás contribuyendo a solucionar problemas, estás siendo el problema. Estás demostrando que tienes la cabeza firmemente incrustada adentro del culo, pues. ¿Cómo sacártela?

Un buen inicio es admitir que no lo sabes todo, que tu experiencia del mundo puede ser muy diferente a la de quienes no van por la vida con un par de testículos entre las piernas. Luego, toma aunque sea un libro sobre feminismo. Léelo, compréndelo y absórbelo para dejar de hablar y opinar con propiedad sobre cosas que claramente no entiendes. Deja de protestar en tono burlón y condescendiente cada vez que un hombre o una mujer (especialmente una mujer) te habla de feminismo, o te señala el machismo que se esconde detrás de tus acciones. Sé por experiencia que no es agradable, pero también por experiencia sé que casi siempre tienen razón. Luego, en lugar de burlarte y de hacer alarde de tu propia ignorancia en internet y con los cuates, modifica tu comportamiento. Es difícil y la vas a cagar mucho, como yo lo he hecho y sigo haciendo. Dejar de ser macho no es fácil. ¿Cómo iba a serlo, si es lo que nos han enseñado toda la vida? Si en realidad quieres un mundo mejor, sin embargo, es lo que hay.

Finalmente, es necesario reconocer que a pesar de que se han logrado muchos avances, aun falta mucho camino por recorrer. También es necesario reflexionar sobre los efectos positivos y negativos de estos avances. Sí, en alguna medida y en algunos lugares hemos ido dejando atrás el machismo obvio estilo Mad MenEl machismo que se ve al espejo, se arregla la corbata y se ajusta su fedora mientras piensa en lo guapo que está; el que tranquilamente te dice que busca a una mujer que sea un cruce entre su madre, una stripper y una mesera, mientras ríe y agita su old fashioned. Eso es bueno pero también jode mucho, porque nubla el juicio y te hace creer que las cosas van mejor de lo que parecen.

No te deja ver, por ejemplo, el machismo y el sexismo sutil de nuestras interacciones diarias, el que está ahí cerquita en nuestra casa, nuestra oficina, nuestro círculo de amistades o incluso el que llevas en el interior. El que premia a los hombres que se convierten en padres, pero castiga a las mujeres que se convierten en madres. El que nos enseña a los hombres que tenemos que guardar nuestros sentimientos porque llorar o mostrarse vulnerable es de mujercitas. El que paga sueldos menores a las mujeres que a los hombres por el mismo trabajo. El que le entrega la custodia de los hijos automáticamente a las mujeres, sin mayor investigación. El que otorga promociones laborales a las mujeres basándose en el trabajo que han hecho en el pasado y a los hombres en el potencial que pueden tener a futuro. El que da 84 días de vacaciones por maternidad a las mujeres, pero sólo 2 días de vacaciones por paternidad a los hombres. Y así sucesivamente. La lista es larga. Incluso, el que resulta del producto de tus buenas intenciones, pero que hace más mal que bien porque termina siendo una exaltación a tu propio ego, al hombre maravilloso que ya no es macho, invisibilizando las cuestiones estructurales que siguen haciéndonos a todos la vida más difícil, pero a a algunas personas marcadamente más difíciles que a otras.

En fin, dejemos que el feminismo nos arruine la vida a todos, que nos baje de nuestra nube, que nos destruya el ego y que nos mantenga en un perpetuo estado de alerta a todas estas cosas. Que nos muestre que aunque creamos que ya no somos machos, lo seguimos siendo y que tenemos muchas cosas que cambiar. No hay otro camino.

Una versión de este texto fue publicada con anterioridad, aquí.


Óscar Gabriel Pineda.
Mamífero bípedo de la especie Homo sapiens. Curioso. Saganita. Escéptico. Agnóstico. Humanista.


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